Palabras Viajeras - RELATO BREVE



La noche lo encontró insomne bajo la soledad hermana de la tierra. Sus ojos, como eternos espejos de agua negra, reflejaban la luna que se colaba por el frío cristal de la ventana, y la pesada cortina de paño verde bailaba tímidamente bañada por la luz de las velas que morían con el pasar de las horas. 

Entre suspiros y secretos, mira la pluma que duerme posada en el cuero gastado del escritorio, mientras los espíritus de antaño le entibian el alma y la piel. 

Sin vacilar, sus dedos viajan al pasado y las estrellas caen en el verso que esa noche vive para volcar las memorias de un raído corazón, e inexorablemente, palabra a palabra va derramando vida. 

Al tiempo que la hoja se vestía de tinta y aliento, evocó la frase que un amigo le había dicho años atrás, “La vez que llegues a mi tierra, hermano, te estaré esperando sediento de anécdotas”, y sintió entonces que el momento había llegado. 

Las pálidas mejillas se convirtieron en un tapiz de lágrimas guardadas, y con la imagen fatal de la alegría, abandonó el cuarto. 

Cuando entré al estudio, me abandonó la melancolía así sin más. Esa mañana todo era distinto; una hoja, que dormía en el escritorio, se movió con el sigilo de las mariposas para mostrarme un texto que nunca había escrito y que, sin embargo, tenía mi firma. “Estoy danzando alrededor del día ...” dejaba leer la primera frase. 

Mi misma caligrafía, mí mismo estilo, pero tan desconocido para mí, como aquel soplo de vida que invadió mi pecho y cambió mi vida, hasta entonces monótona y adormecida. 

El destino de las palabras viajará siempre furtivo, pero jamás pasará inadvertido. 

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