Percibo tus grandes ojos grises que me penetran con su mirada
y me siento a la vez tan grande y tan pequeño.
Me la paso pensando en las cosas que te diré cuando te tenga frente a mí.
¿Por qué te fuiste? – te digo - ¿Cómo te fue posible dejarme?
Eso ya no importa supongo, pero eso te pregunto en cada una de mis cartas.
Me surgen los reproches aunque no quiera y tus palabras nunca llenan ese vacío.
Me dices que me lo dirás cuando nos veamos.
Entonces, mañana, cuando por primera vez en 20 años
pueda por fin estrecharte en mis brazos, y más aun,
sentir el calor de los tuyos alrededor de mi cuerpo
nuestras voces nos harán verdaderos.
Y si después de este encuentro todavía me quedan fuerzas,
prometo escucharte y enterarme por fin porqué decidiste
dejarme en los brazos de otra madre.

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