Dentro del ropero de una pareja:
Vestido: - ¿Viste que te dije que no iba a aguantar toda la noche con los tacos esos? Siempre lo mismo. En los casamientos las mujeres terminan revoleando los zapatos porque no se los aguantan.
Traje: - Si, ya sé que me lo dijiste. Para mí no fue ninguna sorpresa tampoco.
Vestido: - ¡Lógico, cómo van a bailar tantas horas con el pie en semejante pedestal! Igual, no puedo decir nada porque con taco bajos yo no me luzco, asi que para mi mejor.
Traje: - Digo yo… ¿entonces para que te quejás? Mirá yo en cambio, con esta mancha de champagne. ¡Una vergüenza! Eso era para cuando estaba en los 20 o los 30, ¡¿Pero a los 50?! Hombre grande. ¡Qué baranda tengo!
Vestido: - Ya nos van a llevar a la tintorería. No seas gruñón. ¡Uy, pará que ahí vienen. ¡Shhhh!
Él: - Elena, ¿Dónde pusiste el traje? No lo encuentro.
Ella: - Está en el ropero, Jorge. ¿Dónde va a estar?
Él: - ¡Y qué se yo! No sé para qué lo guardás si hay que mandarlo a limpiar.
Ella: - ¿Ya te olvidaste? – dice ella mientras entra en la habitación, abre la puerta del ropero y saca el vestido y el traje -.
Él: - ¿De qué me olvidé?
Ella: - Ufff, sos un plomo… ¡De la apuesta, Jorge! La que nos hicieron tu hermano y su esposa. ¡Ay, no la aguanto…! Y ella a mí tampoco, se nota.
Mientras Jorge sale del baño y entra en el cuarto ella estruja el vestido pegado a su pecho y le dice con aire cómplice: - ¡Gracias a Dios que todavía me quedás bien! -.
Él: - ¿Una apuesta? ¿Qué apuesta? No sé de qué me hablás Elena.
Ella: - ¡Y claro, de qué te vas a acordar si te tomaste hasta el agua de los floreros!
Él: - ¿Qué decís? Un par de copas tomé nada más. – Mientras mira el traje sobre la cama se palmea el estómago prominente y dice: - ¡Qué grande! Un poquito apretado pero estaba bien, ¿o no Elena? No me iba a comprar un traje por un casamiento nomás - y le guiña un ojo al atuendo, arrugado y manchado.
El vestido y el traje se miran y revolean los ojos. Al unísono dicen: - ¡Tal para cual!
Jorge y Elena se dan vuelta y se preguntan…: - ¿Qué dijiste?
Ambos: - ¡Nada! - otra vez juntos, a una sola voz- .
Ella: - Dale Jorge, prepárate que en un rato tenemos que ir hasta lo de tu hermano a cenar, vos con mi vestido, ¡pobrecito, va a explotar por los cuatro costados! y yo…
Él: - ¿Queeeeeé? – la interrumpe él con el gesto desencajado.
Ella: -¡Sí, y yo con tu traje! Igual voy a llevar una muda de ropa en un bolsito. Yo más del trayecto de casa hasta allá no me lo dejo y vamos a ir bien tarde para que la gente no nos vea. ¡Una apuesta es una apuesta Jorge!

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