Hola niña de grandes ojos café. ¿Cómo has estado?
Te veo todos los días con tu hermosa sonrisa
que ilumina por doquier el camino a donde vas.
Ríes, cantas y bailas sin preocupaciones.
Eres libre, mágica y también real. Brindas cariño y repartes dulzura.
Tus sueños invaden la vida de otros y,
al menos por un tiempo, les ayudas a soñar.
Tus cabellos castaños vuelan al viento,
mientras saltas la soga bajo un sol de enero.
Bajo la mirada del abuelo o de mamá sigues intentando
montar esa bicicleta, que parece tener las ruedas tan altas.
Danza la mochila en tu espalda mientras con esas coletas vas a la escuela
y sonríes al saber que al volver te espera el chocolate con vainillas.
¡Qué tierna que eres!, ¿me prestas tu inocencia, tu ilusión y tu bondad?
Hola muchacha vivaz y alegre, también te veo siempre,
me sirves de ejemplo ¿Cuántos años tienes ya?
Escucha, no necesitas que te brinde tales cosas
¿no sabes que tú también las tienes?
¿Es que se te ha olvidado que tú y yo somos una?
Será quizás a veces no te permites sentir y soltar...
Que las cosas de la vida no son siempre justas ya lo sé,
y que a veces parecen crueles los obstáculos también.
Pero ¡Ay de esos días donde tu sonrisa es tan hermosa como la mía
y en tus ojos se reflejan las mil maravillas que trae el vivir!
Que la bondad, la ternura y la inocencia no las pierdes,
aunque algunas se camuflan porque en este mundo a veces no lo entienden
No te olvides que te llevo de la mano suavemente
y que siento que las tuyas se entrelazan con las mías cada día.

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