La Confesión - RELATO BREVE


Querido hijo:

No supe entender. Las palabras y las formas que me acompañaron desde siempre no dejaban ver que hay sentimientos que fluyen de distintas formas… no, no debo decir diferentes, pues el amor es el mismo en todas las esencias y las almas ¿que acaso las caricias y los besos no transmiten lo mismo, sin importar de dónde vengan y adónde van?

Que sí lo veo ahora, que estoy despidiéndome de la vida en esta cama… espero que no sea demasiado tarde, aunque no junto el valor para decírtelo a la cara, porque me apena tanto haberte lastimado, que sé que se me quebraría la voz si te hablara, por eso te dejo estas palabras.

No, no llores, no quiero causarte más lágrimas. Si eras tan solo un niño ¡Cuánto te habrán dolido mi mirada y mi gesto! Quiero que sepas que tú también eres mi mundo, y por eso quizás te idealicé a mi modo y no pude verte como eras realmente, un muchacho lleno de vida, de amor, de ilusión y de coraje.

¡Cuanto más valiente que tu padre eres muchacho! Te llevo en el alma. Deseo con todo el corazón que seas feliz, que seas verdadero y el mundo sea un lugar ameno que te brinde todo lo hermoso que la vida tiene para darte. Cumple tus sueños, no calles tu alma.

Tu madre y tu hermana te adoran. Sé también que encontraras un buen compañero. Me voy dichoso y en paz. Brinden por mí en mi ausencia porque gracias a mi hijo hoy soy un mejor hombre. ¿Sientes ese calor en tu pecho hijo…? Yo lo siento. Es tu padre que te abraza.

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