Paquetes Sobre el Tejado - RELATO BREVE


‘Y otra vez comenzó la discusión…’ Algunas historias comienzan así, pero no es el caso de ésta. Cuando había alguna situación de disgusto, diferencia o reproche, nada se decía. Las miradas se cruzaban, flotando suspendidas entre la indiferencia y el silencio. Pero… ¿Qué se puede esperar de eso? ¿Cómo han de solucionarse los inconvenientes si no se habla? 

Con el pasar del tiempo se fueron acostumbrando a callar los malestares, los enojos, las discordias y las desavenencias de todo tipo. Cada vez se habituaban más al silencio; eran pocas las palabras que se decían porque las buenas escaseaban debido a la tirantez de las relaciones entre los miembros de la familia y a la falta de interés por solucionar los problemas. 

No solo eso, sino que el pecho de cada uno de ellos se cargaba con resentimiento, culpa, desazón, temor, aflicción y tristeza. Nadie, sin embargo, atinó a hablar de aquello que, como un humo gris, surgía en sus mentes nublando el entendimiento y endureciendo los corazones cubiertos de tizne negro. 

Lo que nadie parecía notar era que, cada vez que un pensamiento era omitido y engullido con orgullo y poco disimulo, un paquete aparecía sobre el tejado de la casa y quedaba allí. Un día, después de un tiempo que nadie sabe cuánto duró, el silencio de la casa se volvió absoluto. La falta de práctica y de voluntad hizo que la ausencia de comunicación reinara en aquel lugar. 

Cierta noche, en la víspera de los festejos navideños, la familia se vio sorprendida mientras cenaba por un leve crujido que sonó sobre sus cabezas. Era una grieta serpenteante que se iba dibujando en el cielorraso. Todos atónitos miraban la línea quebrada surcar el cielorraso del comedor y la vieron bifurcarse luego en todas direcciones abarcando todo el lugar. 

Un sonido ensordecedor se escuchó en la cuadra, cuando el techo de aquella casa cayó sobre sus habitantes dejándolos cubiertos de mampostería, pintura y cal, pero eso sí, intactos. Como por arte de magia, las voces de todos los allí presentes rompieron el mutismo en forma de carcajada, y entre risas y llanto, empezaron a discutir de quién era la culpa y de cómo no se habían dado cuenta del peso sobre el tejado. 

Paradójicamente, mientras las gritos de aquellos retumbaban en los oídos de los vecinos que, azorados, miraban la escena y trataban de descifrar las palabras del confuso parloteo, los corazones de aquella familia comenzaron a brillar, libres de tizne y de agobio y solo callaron cuando entre todos se pusieron de acuerdo para remover los escombros y dejar el lugar listo para la reconstrucción del hogar. 

Comentarios

  1. La persona valiente; muere una VES. El cobarde, mil veces. El temor es la prision del alma.Se LIBRE y con tu verdad; TE AMARAN; por lo que sos. SE LIBRE. PA.

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