Brújula de Luz - MICRORRELATO


Me escondí bien, muy bien, en medio de la nada, de la oscuridad total donde nunca buscarían. ¿Por qué? ¿Para qué? Porque quería saber que había en las sombras; están siempre merodeando y yo, cargada de luz, nunca les permití acercarse. Entonces emprendí mi búsqueda, a tientas.

Con las manos adelante y pasos inseguros, recorrí la sombría nebulosa que recibe a quien quiera adentrarse en ella. Es una bruma negra y confusa, opresiva. Esta nube densa no opuso resistencia cuando sintió que mi ser se escabullía en sus entrañas; sólo hubo silencio, tampoco me invitó a entrar pero no se quejó, tan solo lo permitió... muda.

Me di cuenta de que la oscuridad y las sombras están en todas las cosas, como también lo están la luz y la claridad. Sobresale aquello que elegimos y a lo que damos lugar. Una no existe sin la otra; luz y sombra, día y noche. Luego de un tiempo adentrada en la negrura la salida se hizo invisible para mí; mentiría si dijera que no sentí temor. 

Perdida y deambulando sin destino cierto ni orientación alguna, me detuve a pensar qué quería; ahondé en mi corazón y mis deseos mas profundos. Quería volver a ser yo, radiante, alegre, vital. Me insté a pensar en ello, solo en ello, cerrando fuerte los ojos, apretándolos, olvidando el miedo y la soledad.

Mi sombra me descubrió, oculta entre tinieblas y me dijo que no puedo vivir sin ella, y que ella solo existe si hay luz. Me rescató de las lúgubres fauces circundantes Me tendió la mano y me mostró el camino. Paso a paso me describió tal  como ella me veía y como yo era. En un intento por redescubrirme a mi misma, acepté su ayuda.

Así, de la mano de mi sombra, volví a la luz que me guía, que me invade, que me acompaña y me define. Me alegra pensar que, si en mi camino voy brillando lo suficientemente fuerte, no solo no perderé el camino sino que podré iluminar más penumbras, para que otros encuentren el rumbo en esta maraña de sendas tendidas a nuestros pies.


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