Caminando por una avenida del barrio de Almagro vi a un hombre añoso pidiendo limosna. Su cara estaba teñida de ocre por años de sol. Arrugas le surcaban los ojos enmarcando su mirada en una historia de pena y dolor. ¿Qué habrá pasado para que hoy esté con su brazo estirado, la mano en cuña mendigando, no solo dinero, sino una mirada, un poco de atención.
Abrí el cierre de mi cartera y hurgué dentro en busca de mi billetera. Me pregunté… ¿cuánto...?, ¿cuánto puedo?, ¿cuánto necesita?, ¿cuánto es poco? Nunca es demasiado. Tomé un billete y deseé que al menos tuviera esta noche la posibilidad de comer dignamente. Mañana, eso ya es otra cosa.
Sus ojos mirando sus pies, como si ya no tuviera por qué levantar la cabeza. Sus canas me conmovieron porque yo también las tengo y me sentí tocada. Quise preguntarle tantas cosas y después me pregunté ¿para qué? Quizás no quiera o no pueda recordar, mejor dejarlo en paz. ¿Acaso es posible?
¿Los ecos de las pisadas de los transeúntes le herían los oídos o simplemente ya no los escuchaba? Nos vería deambular como en una película muda, sin colores ni alegrías? Sin darme cuenta he arrugado el billete en mi puño, de bronca, de impotencia. Lo estiro con mis largos dedos y lo aliso. Mejor le doy otro, me angustia darle dinero arrugado, aunque sirva lo mismo.
Con un billete nuevo en la mano me acerco y lo miro a la cara. Quizás lo miré demasiado fijo porque levantó la vista y me miró. La mano impertérrita, no se movió un ápice. Le sonreí y posé el dinero en su mano callosa y seca. no me importó la suciedad. Me sentí bien al contacto, más humada. El olor a jabón no me hace mejor persona.
Sentí como un chispazo. Recuerdos, vivencias y pensamientos vinieron a mi en ese contacto efímero. Lo supe todo de él. Era mucho y no era nada, depende de cómo se mire. ¿Qué somos nosotros en un universo tan grande? ¿Qué somos para los que nos aman? Todo son puntos de vista, no hay grande y pequeño, hay un ‘nosotros’ sin comparaciones.
Me dijo todo sin decir nada y asintió con su cabeza en signo de agradecimiento, mientras que yo hice lo mismo. Quizás porque en ese ínfimo instante en el que nos conectamos yo también le conté mi historia, que soy grande y pequeña, triste y feliz, joven y vieja, soy nada y todo para alguien y ninguno. Con el corazón más liviano vuelvo a casa.
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