¿Recuerdas cuando en el crepúsculo paseábamos de la mano
para luego rodearnos de celosas estrellas brillantes?
Tu aparecías alta y deslumbrante en el eterno firmamento,
y yo me preparaba para hundirme lentamente,
tras el vasto horizonte que guarda lejanías y secretos.
Vestida de plata me cautivaste y yo, rendido a tus pies, te besé.
Eterna dama blanca, etérea y majestuosa. ¡Qué hermosa eres!
¿Qué será de nosotros, eternos viajantes enamorados?
Tú vestida de gala y yo un caballero de brillante armadura dorada.
¿Recuerdas las horas de besos y risas, promesas y sueños?
Me has dicho que te ha sido imposible olvidarlas.
¡Sin embargo todas ellas son solo anhelos y falsos recuerdos!
Se nos hace imposible compartir la vida juntos. ¡Qué agonía!
Pues yo muero de noche y tu mueres de día.
No te apenes, no llores, seca tus lágrimas amada mía.
Se nos ha concedido un deseo… el amor verdadero nos guía.
Espérame, no lamentes mas mi ausencia dama blanca,
¡El próximo eclipse iré a tu encuentro!
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