Lápiz Sobre Papel - MICRORRELATO


El viento sopla y los árboles se agitan, sus ramas se mueven con gracia y alegría disfrutando de la vida. Sus hojas no se caen pues es verano y están fuertes, verdes y lustrosas. Con ese mismo viento me llega una hoja en blanco, me roza los pies y me hace cosquillas cuando intenta subir por mis piernas, rozándome las pantorrillas.

Suelto una risita tímida y me agacho para alzar la hoja. Es de un blanco puro, inmaculado; me dan ganas de dibujar en ella. ¿Qué he de escribir? Debe ser algo que valga la pena, algo digno de manchar la pureza del papel. El corazón entonces me galopa en el pecho y una mano, sin darme cuenta, se ha introducido en mi mochila en busca de un lápiz.

Con el lápiz en la mano me siento en el banco de una plaza y una carpeta sobre mi falda hace las veces de pupitre. Me siento llena de energía, de vitalidad, con ganas de volcar mi vida como si fuera un cuadro sobre un lienzo que esté dispuesto a recibirla y abrazarla, así como es, sin máscaras ni disfraces de ningún tipo, honesta, sincera, completa, completita.

Mi mano, como en trance, empieza a bosquejar sobre el blanco papel. ‘Le va a llevar tiempo’, pienso. Miro maravillada mientras trazo mi propia vida, de a poco, poquito. Me asombro y me comprendo, me acaricio y me agradezco por todo. Hay cosas olvidadas, momentos hermosos y otros tristes, dificultades sorteadas, y mucho, mucho más. El lápiz sigue danzando, trazando mi vida. Me acepto y pienso, ‘Lo mejor todavía está por venir’.


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