Una Invitación y un Vaso de Agua - MICRORRELATO


Sentado en una noche solitaria a la mesa de un pequeño bar me sumerjo en mis pensamientos. He ordenado un café. Me gusta negro, amargo y bien caliente. Siempre solo. Mi café y yo miramos desde la mesa a nuestro alrededor. Una canción vieja y melancólica suena a lo lejos; en lugar de acompañar parece abismar la soledad aun más.

Un pequeño vasito con agua acompaña mi café esta noche. Su vidrio transparente me permite ver más allá pero no distingo las formas. Me limito a dejar que mi mirada se pierda sin ver, mientras pienso en nada y dejo los minutos correr. Hace tiempo que estoy solo. Trabajo en el día y me refugio aquí por las noches.

De pronto han pasado dos horas sin que lo haya notado; es como haberme quedado tildado en el tiempo. Añoro la compañía de alguien que me añore a mi también. Quisiera ser esperado por alguien y hacer que el tic-tac no sea cruel para ninguno de los dos. ¿Acaso eso será posible? Me digo que sentado siempre a esta mesa no cambiaré mi destino.

Termino mi café sin pensar que ya está frío. Me queda áspera la lengua por la fina borra del fondo. Tomo entre mis dedos el vasito de agua y lo giro sobre la mesa. Vuelta, vuelta, gira y gira. Otra vez me quedo en blanco. Pienso, ¿por dónde empezar? Me doy cuenta que si la decisión es verdadera y la voluntad fuerte, el camino se presenta solo ante uno.

A través del vidrio del vaso veo una figura femenina. La muchacha se sienta en otra mesita cercana a la mía. Deja su mochila sobre una silla vacía y gira en busca de un mozo para hacer su pedido. Yo la observo sin pestañear, no puedo dejar de admirar su cabello. Se ve que mi mirada penetrante casi la toca porque enseguida me ve y baja sus ojos, ruborizada.

El tiempo es ahora. Unos hermosos ojos negros me han embrujado sin pedir permiso. Esta muchacha que irrumpió en mi vaso me invita, sin saberlo, a celebrar la vida. ‘Acepto’, digo para mis adentros. No sé ni como se empieza pero no me voy a dejar amedrentar por eso. Dejo un billete sobre mi mesa, me pongo de pie, aclaro mi garganta y me encamino hacia ella. Alguna palabra saldrá...


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