Sorpresa Nocturna - MICRORRELATO

 

Era de noche. Me había despertado porque tengo el sueño liviano. Una luz pequeña y escurridiza brillaba en una de las esquinas de mi habitación. No tenía idea de donde provenía. ‘¿Qué es eso?’, pensé. Estiré el brazo para encender el velador e, inmediatamente, perdí de vista la pequeña luz en el rincón.

No sentí miedo, más bien curiosidad. Decidí recorrer la habitación de punta a punta, aunque no era tan grande; no encontré nada. El sueño se hizo presente una vez más, me ardían los ojos y se me caían los párpados. Me dispuse a volver a la cama, bostezando. Me acosté y apagué la luz.

No sé cuánto tiempo hubo pasado, cuando volví a escuchar un ruido, leve, pero que no escapó a mis oídos. Me levanté lo más lentamente que pude; el sigilo era esencial para no volver a espantar a aquello que fuera la fuente de luz.

Me destapé corriendo las sábanas muy despacio, bajé una pierna primero, luego la otra y calcé ambos pies en las pantuflas. Caminé a oscuras, tanteando los muebles, solo guiado por la lucecita que bailoteaba en el suelo. Ahora estaba en el rincón opuesto, aun inquieta. Deslicé mis pasos silenciosamente y llegué a tocar la pared. 

Allí mismo, sobre la alfombra, pude ver un diminuto ratón blanco que, como desesperado, caminaba sin rumbo fijo con una pequeña luz sostenida en su cabecita y posada en su frente. '¿Pero… qué pasa?' me pregunté en voz alta, a lo que el ratón respondió… 'Disculpe la molestia señor, es que he perdido mi queso'.

Comentarios