Explicando un Milagro - MICRORRELATO

El niño jugaba en el living. El departamento era grande y luminoso. Mientras la madre cocinaba en la cocina, el niño se entretenía con sus juguetes sobre la alfombra de la sala. El maullido de un gato se coló por la ventana y el pequeño se sintió intrigado.

Ya tenía dos meses pasados del año y caminaba ágil y graciosamente. En los ajetreados días de la mudanza ninguno de los padres había notado que la red de protección del balcón se había soltado en un extremo del costado izquierdo, dejando un hueco abierto.

El niño caminó hasta la ventana y pasó su pequeño cuerpito por la abertura de la puerta-balcón para ir en busca del gatito. Allí se encontró con que el animalito estaba trepado al balcón contiguo. Queriendo alcanzarlo se empezó a trepar por la red y resbaló. Sus piecitos pasaron a través del hueco y logró sostenerse de un barrote con una manito.

No pudo aguantar mucho tiempo pues era muy pequeño y estaba asustado. El llanto alertó a la madre que, de inmediato se acercó. No hizo a tiempo a agarrarle la mano. El niño apenas se había soltado y caía al vacío desde el cuarto piso. Los gritos de la madre sacudieron la tarde.

Bajó como pudo, hecha una bola de nervios, desesperada y empapada en llanto, la voz ronca de tanto gritar. Al llegar a la puerta principal del edificio en la planta baja la abrió a los tirones y se precipitó hacia la vereda. Quedó azorada al ver al niño sollozando sentado sobre las baldosas jugando con el velcro se sus pequeñas sandalias. 

Se arrojó y lo alzó en brazos, apretándolo contra su pecho. Apenas tenía unos raspones en las rodillas, nada más. No podía creerlo. Enseguida se cruzó el diariero del puesto de enfrente que había sido testigo del accidente. ‘Juraría que una luz lo cubrió durante la caída, y amortiguó el golpe’, le dijo a la madre. 

Ésta, sólo logró mirar al cielo y susurró ‘¡Gracias, Gracias, Gracias!’... ‘¡Alabado sea el Señor!’, completó el canillita ante el milagro presenciado.


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