Bostezo pero no quiero irme a la cama todavía. Me imagino que noches frías y de implacables ventiscas como ésta son el escenario ideal para una novela de suspenso y misterio. De pronto se me ha despertado un irrefrenable deseo por sumergirme en una novela policial. Me decido por leer una de Agatha Christie. Adoro sus libros y siempre me he preguntado qué se sentirá formar parte de una de sus historias; las he leído todas, así que me dejo llevar por el azar y cuando estoy frente a la biblioteca, cierro los ojos y recorro los libros con un dedo definiendo así mi destino.
Tomo del lomo un libro de tapa dura, gruesa y rugosa de un verde oscuro, el nombre de la autora en letras doradas. No recuerdo haber visto antes este ejemplar mas no le presto atención a lo sucedido, me pueden más mis ansias de adentrarme en el relato. Me siento en el sillón y apoyo una copa de coñac en la mesita de arrime. Empiezo a abrir el libro cuando un apagón me deja a oscuras. ‘Típico de novela’, me digo. Vuelvo a la sala con dos velas que reparto entre la mesita de arrime y el escritorio. La luz es tenue pero el ambiente es casi mágico. Sonrío y me dispongo a leer.
Doy vuelta la cubierta del libro y leo el título, “Asesinato en la penumbra”. ‘Muy oportuno’, pienso, y me apoltrono sobre el respaldo. Estiro la mano y llevo la pequeña copa a mis labios. Un sorbo de la bebida me reconforta, hace frío. Apenas comienzo la lectura escucho crujidos afuera, como si alguien hubiera pisado la madera vieja de ramas caídas. Me acerco a la ventana y no veo nada. Un momento, creo ver huellas aunque no estoy seguro; la nieve tupida enseguida rellena los huecos. Quizás no hay pisadas allí, quizás solo me parece haberlas visto.
Vuelvo a sentarme y veo el libro apoyado en la mesita. Me sorprendo pues lo había dejado en el asiento del sillón... eso creo. Sacudo mi cabeza y me digo que estoy sugestionado. Me siento, libro en mano y tomo otro sorbo de la bebida. Empiezo a toser, me siento mareado. La garganta se me cierra. Veo nublado. Siento calor en el rostro. No puedo respirar. Todo me da vueltas. Me pongo rígido y me pierdo. El libro se desliza de mi mano precipitándose al suelo con un golpe seco. No oigo el sonido que hace al tocar la dura superficie; ya estoy muerto.
Me llega como amortiguada la voz de alguien, alguien que conozco, habla con desespero. 'Señor Poirot, gracias por venir con este clima tan espantoso, pero es urgente. Me temo que el dueño de casa ha sido asesinado. Encontramos el cuerpo en el sillón de la biblioteca'. 'Más despacio mon ami, desde el principio, por favor.', responde el detective aun quitándose el abrigo. Una copa, un libro, nieve que cae de las ramas al suelo, y más nieve que cae del cielo a las ramas. Sopla el viento en una fría noche de invierno, todavía no se sabe dónde… Si alguien se atreve, habría que seguir leyendo.

Ya comencé a disfrutar de tu poesía, de tus relatos atrapantes …
ResponderEliminarHola. Gracias por tus palabras!
EliminarDe pronto no sabía el nombre del autor/a…
ResponderEliminar:)
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