El Mundo en Colores - RELATO BREVE


Los colores, ¡qué maravilla del mundo, de la vida! Los colores dicen mucho, alegran, decoran, acompañan. Hay que disfrutarlos. Nos acompañarán a lo largo de nuestra existencia, miremos a nuestro alrededor.

Mirá sino cuando nací, el color rojo estaba presente cuando vine a la vida por el canal de parto de mi madre. La primera bocanada de aire, la primera respiración y el primer llanto. ¡Qué emoción para ambas y para toda la familia!

Después pasaron unos años y el amarillo surgió cuando entré a la guardería y al jardín. La energía de tantos niños era como una explosión de alegría y amor. Un poco de desorden, de ruido y mucha, mucha imaginación e inocencia. ¡Qué lindo ser niño!

Otros abriles pasaron y llegué a la infancia. El color naranja era la aventura de cada nuevo día, corriendo con amigos en el colegio, dando vueltas a la manzana en la bici y los juegos... la mancha, la soga y elástico. Algún que otro asalto ya nos mostraba alguna simpatía que era más que una amistad.

Pasando la infancia llegó la adolescencia y el violeta abrió una nueva puerta. Los amores empezaron a hacerse más fuertes. Entonces conocí a mi primer amor. ¡Qué sensación sentir el corazón desbocado, las mejillas coloradas y no poder disimular la atracción!

La madurez de volverme adulta me trajo un azul brillante donde descubrí mi profesión, mis gustos y mis aptitudes, además la realización de formar mi propia familia, Ahora valoro aún más el sacrificio de mis padres en todo lo han hecho y en lo que, a veces, pudieron hacer. Aquí mi esposo es un turquesa que me alienta y me cobija al mismo tiempo.

Me doy cuenta de que el amor está presente en todas las etapas, hay salpicadas de rosa en todas ellas. El blanco de la pureza está en mi madre que ilumina mi vida, el verde es la esperanza de mis hermanos en su día a día, donde a pesar de sus dificultades dan brotes y pimpollos de fortaleza.

El marrón es la perseverancia en el obrar de mi padre. Su aguerrido ser que lucha aun con sus propios molinos de viento. El gris lo dejo para los días tristes a los que también hay que dejarlos ser, pero tengo a mano siempre un poco de dorado resiliente en mi paleta para que a los grises no se les ocurra quedarse.

Y las etapas siguen y los colores continúan desfilando, estoy segura de que se terminarán mezclando creando matices únicos para mis horas que nadie puede imitar. Todos los cuadros son distintos como todos los lienzos lo son, al igual que los trazos y los pinceles, pero la galería, esa donde hemos de lucirnos, es compartida por todos.


Comentarios

  1. Xime en las tardes ya oscuras por las horas pasadas,leo tus relatos que me llevan a otros mundos desconocidos pero cálidos y allí deseo quedarme por lo menos un rato pues no quiero perder mi hermosa vida.

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