Atrapasueños - RELATO BREVE


Cristina volvía del colegio con la mochila cargada de libros. Una sonrisa despuntaba en flor porque la maestra había elogiado su escrito. A esta temprana edad de ocho años, ya empezaba a darse cuenta de que le gustaba escribir, soltar sus amarras para lanzarse a las olas de la literatura. Un mundo nuevo y lleno de maravillosas promesas la esperaba en las páginas de los libros y mas hermoso aun, sueños la esperaban en la pluma y el papel.

'Tina', como la llamaban, comenzó a plasmar sus las ideas de su imaginación, sus miedos y también sus osadías en las blancas páginas del cuaderno que le había regalado su abuela Elena. Su abuela paterna, ella era su confidente, solo ella había notado el talento de su nieta. Leía sus textos con interés y le daba su opinión; no era un juzgamiento, sino una mirada analítica y experimentada que la ayudaba a pulir su don y a buscar nuevas fronteras. 

Así, la sonrisa de Cristina aparecía con cada visita de su abuela y, aunque la pequeña en aquel entonces no se percatara, la felicidad de la mujer también aumentaba y se llenaba de vida cada vez que compartían aquellos momentos secretos de lectura y debate. Lo único que opacaba los días de la pequeña eran las pesadillas que algunas noches la sorprendían.

Un día decidió confiarle esta angustia a su abuela, bastión de sabiduría y fortaleza a los ojos de la niña. ‘Abuela, algunas noches me despierto asustada y transpirada. Sueños feos me visitan y me dejan miedosa e inquieta. Me cuesta volver a dormir y pienso que, en la oscuridad de la noche, otra vez pueda volver a pasar lo mismo. Quisiera que esos sueños no me atrapen’.

Elena escuchó a la pequeña muy atentamente, dándole la importancia que merecía, algo que algunos mayores no hacen, diciéndole a los niños que 'no pasa nada', sin darles mucho más importancia ni consuelo y, mucho menos, una solución a su inconveniente. La falta de contención hace que los niños luego no quieran volver a contar sus desventuras porque total no le darían importancia. 

La abuela le dijo, 'A veces los sueños vienen a nuestra mente por cosas que vivimos o por cosas a las que tememos, pero nada pueden hacernos, a lo sumo fastidiarnos el sueño. Al despertarnos nos damos cuenta de que nada malo ha ocurrido, que todo pasó en una nube pasajera que el viento se llevó cuando nos despertamos. Y, si prestamos atención, somos aun más valientes después de su partida.

Al otro día, cuando tomaban el té Cristina, sus padres y Elena, ésta le dijo, ‘Tina, te he traído un regalo'. La niña abrió grandes los ojos en completa alegría y ansias. ‘¿Qué es?’, le preguntó y la abuela por toda respuesta le entregó el paquete. La niña lo abrió y vio un hermoso objeto, un aro redondo de madera con una redecilla tejida a crochet, perlitas y otros adornos pequeños que lo decoraban y unas tiritas que pendían de la misma argolla. En el paquete encontró además una notita con la letra de la abuela.

‘Atrapa-Sueños: este objeto sirve para filtrar los sueños de las personas dejando pasar sólo los sueños y visiones positivas; los sueños que no recuerdas son los que bajan por las tiritas. Las pesadillas se quedan atrapadas en las perlitas que están en la red y a la mañana siguiente se queman con la luz del día para que no se cumplan. Colgalo sobre tu cama o cerca de tu ventana y  no olvides que Tata y yo te cuidamos aunque no nos veas'. Cristina levantó la mirada para encontrar la de su abuela que le regaló un guiño de ojo; la niña le respondió de la misma manera mientras sus padres, confundidos, se encogían de hombros.


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