La Copa Derramada - RELATO BREVE


Una mujer sentada a la mesa de un pequeño restaurante cena sola. Inmerso en mis pensamientos me limito a ordenar un café y a mirarla. La gente a mi alrededor se desvanece y me encuentro solo, salvo por ella. Una vieja canción suena de fondo y me trae recuerdos de mi juventud.

Ha pasado una hora y noto que la mujer que capta mi atención mira su reloj. Creo que la han plantado y me pregunto, ¿Cómo ha podido alguien dejarla esperando? En su mesa hay una copa con vino blanco, la veo beberlo con sus labios rojos carmín.

Siento entonces que añoro la compañía de alguien que me añore a mi también. Quisiera ser esperado por alguien y hacer que el tic-tac no sea cruel para ninguno de los dos. ¿Será posible? Me digo que sentado a esta mesa no cambiaré mi destino y lleno de coraje me decido a actuar.

Termino mi tercer café sin pensar que ya está frío. Me queda áspera la lengua por la fina borra del fondo. Tomo entre mis dedos el vasito de agua y lo giro sobre la mesa. Vuelta, vuelta, gira y gira. La mente en blanco. Pienso, ¿Por dónde empezar? 

La mujer percibe una sombra que se acerca a su mesa. Cuando va a tomar la copa se estremece al verme y sin querer la tira. Percibe mi mirada penetrante que casi la toca y baja los ojos ruborizada. ‘Perdón, no quise asustarla’, le digo, y mis ojos la desnudan con ternura.

Ella levanta la cabeza y ahora me sostiene la mirada. Ya no queda nadie mas que nosotros dos, aun cuando el restaurante sigue colmado de gente. Ni los mozos, ni el bullicio interrumpen este lazo invisible que se ha creado entre nosotros. Le tiendo la mano y la invito a salir de allí.

La mujer atina a pagar la cuenta a lo que yo respondo expresando mi intención de hacerlo. Ella no lo permite pero me toma de la mano y me dice. ‘Aguarda un momento’. Deja el dinero sobre la mesa, le hace señas al mozo y me lleva hacia la puerta y hacia una nueva etapa de mi vida.

La copa derramada, después de todo, ha sido esta noche la única testigo de este flechazo inesperado.

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