Mi Preciado Café con Leche - MICRORRELATO


Al amanecer bien temprano y más oscuro en invierno, cuando me levantaba para ir al colegio, el sol entraba apenas por la ventana de mi cuarto. Las puertitas del pequeño placard colorado brillaban con la luz.

El despertador gritaba su alarma y yo me desperezaba lentamente, queriendo remolonear un rato más. Esas mañanas de mi adolescencia donde esperaba compartir el día con mis amigas.

El uniforme me esperaba para vestirme. Los zapatos de guillermina negros listos y lustrados, las medias azules, el pullover rojo y la pollera escosesa retozando en la percha; la gomita para el pelo al tono con las demás prendas.

Todo era hermoso, a pesar de que siempre me costaba, y me cuesta, madrugar. Saber que iba al colegio, aunque fuera en el colectivo atiborrado de gente, me alegraba el día, más aun los días que tenía hockey.

Preparada, vestida y peinada bajaba con mi mochila lista para desayunar. El aroma inconfundible que me recibía y los ruiditos del tintineo de vajilla eran señal de que mamá estaba en la cocina.

El café invadía mis sentidos y la casa se impregnaba de esa maravillosa fragancia. El calor tan reconfortante de los abrazos de mamá se mimetizaba entonces con el humito que mana de mi café con leche y así lo hará siempre.


Comentarios